Qué ocurre con los montes de Galicia después de los incendios: el peligro que llega con las lluvias
Los incendios de 2025 dejaron casi 119.000 hectáreas quemadas en Galicia. La erosión, las riadas y la recuperación del suelo preocupan un año después, mientras la Xunta y ADEGA discrepan sobre cuánto se ha restaurado.
Los incendios forestales que arrasaron Galicia durante el verano de 2025 dejaron una huella que sigue siendo visible más de un año después. Aunque las llamas se apagaron, las consecuencias continúan en las zonas más afectadas, especialmente en la provincia de Ourense: suelos desprotegidos, pistas forestales dañadas, pérdida de vegetación y problemas derivados de las lluvias intensas.
La recuperación de un monte quemado va mucho más allá de que vuelvan a crecer los árboles. Tras un gran incendio, el suelo puede quedar expuesto a la erosión, las cenizas pueden desplazarse hacia los ríos y las precipitaciones pueden arrastrar tierra, piedras y restos vegetales hacia carreteras, viviendas y núcleos rurales.
En Galicia, el debate sobre la reconstrucción del territorio se ha intensificado durante 2026 después de que se registrasen nuevos episodios de riadas y arrastres de sedimentos en comarcas afectadas por los grandes fuegos del año anterior. Mientras la Xunta informa de trabajos de restauración y protección del terreno, organizaciones ecologistas alertan de que las actuaciones ambientales siguen siendo insuficientes en relación con la superficie quemada.
Casi 119.000 hectáreas quemadas en Galicia en 2025
El verano de 2025 dejó uno de los episodios de incendios forestales más graves de la historia reciente de Galicia. Según el balance recogido por RTVE, ardieron cerca de 120.000 hectáreas, con especial incidencia en Ourense y en la segunda mitad de agosto.
La superficie afectada incluye grandes extensiones de monte, zonas de matorral, terrenos forestales y áreas próximas a explotaciones agrícolas, viñedos y núcleos habitados. La magnitud de los incendios convirtió la emergencia en un problema que no terminó con la extinción de los últimos focos.
Un año después, en lugares como Valdeorras todavía se aprecian las consecuencias sobre el paisaje y las actividades rurales. En algunas localidades también persisten dificultades relacionadas con infraestructuras, viviendas y servicios básicos afectados por los fuegos.
El impacto no es uniforme: hay terrenos donde la vegetación puede regenerarse de forma natural y otros donde el daño al suelo, la pendiente o la intensidad del incendio hacen necesarias actuaciones específicas.
Fuente: RTVE, balance de las consecuencias de los incendios de 2025, 16 de agosto de 2026.
Por qué un monte quemado es más vulnerable cuando vuelve a llover
Uno de los riesgos menos visibles después de un incendio es la pérdida de protección del suelo. La vegetación intercepta parte de la lluvia, sus raíces ayudan a mantener la tierra y la materia orgánica favorece la estructura del terreno. Cuando el fuego destruye esa cubierta, el suelo queda mucho más expuesto.
Además, el calor puede alterar sus propiedades físicas y biológicas, dependiendo de la intensidad del incendio y del tipo de terreno. En algunas zonas disminuye la capacidad de infiltración del agua y aumenta la escorrentía superficial: la lluvia circula por la superficie en lugar de penetrar en el suelo.
El resultado puede ser una combinación peligrosa cuando llegan las precipitaciones intensas:
- Erosión: el agua arrastra la capa superficial de tierra, que es fundamental para el crecimiento de la vegetación.
- Arrastre de cenizas y sedimentos: los materiales quemados pueden terminar en ríos, arroyos, captaciones de agua y zonas bajas.
- Desprendimientos y movimientos de tierra: el riesgo depende de la pendiente, el estado del terreno y la intensidad de la lluvia.
- Daños en pistas y carreteras: las cunetas y los pasos de agua pueden quedar obstruidos o resultar insuficientes para evacuar grandes cantidades de escorrentía.
- Dificultades para la regeneración vegetal: la pérdida de suelo fértil puede retrasar la recuperación de las plantas.
Por eso, el otoño y el invierno posteriores a un gran incendio son periodos importantes para vigilar las zonas más vulnerables. La lluvia es necesaria para recuperar la humedad del terreno, pero puede causar daños adicionales si cae sobre suelos muy degradados y sin cobertura vegetal.
Las riadas de Valdeorras vuelven a poner el foco en los montes quemados
Durante 2026, las comarcas de Valdeorras y Viana do Bolo han vuelto a aparecer en la información sobre las consecuencias de los incendios. Las lluvias intensas provocaron episodios de arrastre de materiales y problemas en caminos e infraestructuras de zonas afectadas por los fuegos de 2025.
La organización ecologista ADEGA ha vinculado estos episodios con la falta de restauración ambiental suficiente en los montes quemados. La entidad sostiene que la pérdida de cubierta vegetal favorece la erosión y aumenta la cantidad de sedimentos que pueden desplazarse hacia los valles y los núcleos habitados.
Esta relación debe interpretarse con precisión: la lluvia, la pendiente, las características del terreno, el estado de las infraestructuras y la intensidad del incendio influyen conjuntamente en el riesgo. No todas las riadas posteriores a un incendio tienen una única causa, pero la degradación del suelo puede agravar sus consecuencias.
El problema también tiene una dimensión social. En el reportaje publicado por RTVE en agosto de 2026, vecinos de las áreas más afectadas describían dificultades que seguían presentes un año después, entre ellas daños en viviendas, problemas con servicios y pérdidas en pastos y viñedos.
Fuentes: RTVE, 16 de agosto de 2026 y ADEGA, balance de la restauración de los montes quemados.
Qué trabajos se están haciendo para recuperar los montes de Galicia
La recuperación forestal combina actuaciones urgentes para proteger el suelo con otras destinadas a reparar infraestructuras, gestionar la madera quemada y favorecer la regeneración de la vegetación.
La Xunta comunicó en marzo de 2026 que había intervenido en más de 6.300 hectáreas afectadas por los incendios de 2025. Entre las actuaciones señaladas figuraban la extracción de madera comercial, la consolidación del suelo y la mejora de más de 100 kilómetros de pistas forestales.
También informó de trabajos de protección del terreno mediante acolchado de paja, conocido como mulching, y de la instalación de barreras de biomasa para frenar el movimiento de materiales. Según ese balance, se había aplicado mulching en cerca de 110 hectáreas y se habían instalado alrededor de 1.000 metros de albarradas.
Además, se tramitaron actuaciones de restauración hidrológico-forestal con un presupuesto anunciado de 9,5 millones de euros, centradas en municipios afectados por los grandes incendios, como Larouco, Oímbra, Chandrexa de Queixa, A Mezquita y Carballeda de Valdeorras.
Estas cifras corresponden a distintos tipos de intervención. No significan que las 6.300 hectáreas hayan sido reforestadas o recuperadas ambientalmente por completo: parte de los trabajos se refiere a la gestión de madera, las pistas y otras infraestructuras.
Fuente: La Voz de Galicia, 4 de marzo de 2026, sobre las actuaciones de restauración forestal.
Qué es el mulching y cómo ayuda a un monte quemado
Una de las técnicas empleadas para proteger los terrenos afectados es el mulching, que consiste en extender una cubierta de material orgánico —por ejemplo, paja— sobre el suelo quemado.
Esta capa funciona como una protección temporal frente al impacto directo de la lluvia. Ayuda a reducir la velocidad del agua que circula por la superficie, limita el arrastre de partículas y crea condiciones más favorables para que el suelo conserve su humedad.
En zonas de difícil acceso o con fuertes pendientes puede utilizarse el helimulching, mediante el reparto del material desde un helicóptero. En otros lugares, las tareas se realizan manualmente.
Otra medida son las albarradas o barreras construidas con restos vegetales, que ayudan a retener sedimentos y a frenar la escorrentía. Su ubicación debe adaptarse a las características de cada terreno.
Estas intervenciones no sustituyen a la recuperación natural ni garantizan que desaparezca el riesgo de erosión. Se priorizan en las zonas donde la pendiente, la intensidad del fuego o la proximidad a cursos de agua hacen más urgente proteger el suelo.
La Xunta ya había anunciado en octubre de 2025 actuaciones de acolchado en áreas críticas de Ourense, después de identificar los terrenos con mayor riesgo hidrológico y erosivo.
Fuente: Xunta de Galicia, trabajos de mulching en zonas afectadas por los incendios.
ADEGA cuestiona la superficie de restauración ambiental
Las cifras sobre la recuperación de los montes han generado debate. En junio de 2026, ADEGA denunció que las actuaciones de restauración ambiental habían alcanzado menos de 200 hectáreas, lo que la organización cifró en aproximadamente el 0,16 % de la superficie quemada en 2025.
La cifra no es directamente equivalente a las más de 6.300 hectáreas de las que informó la Xunta. La diferencia está en qué se considera una intervención: ADEGA se refiere a la restauración ambiental, mientras que el balance autonómico incluye también trabajos como la retirada de madera comercial y la reparación de pistas forestales.
La organización ecologista considera que la restauración ambiental es insuficiente y advierte de que las zonas sin protección pueden sufrir pérdidas importantes de suelo y arrastres de sedimentos cuando llegan las lluvias intensas.
La Xunta, por su parte, ha comunicado actuaciones de protección del suelo, restauración hidrológico-forestal y reparación de infraestructuras, así como nuevas inversiones en áreas prioritarias.
La cuestión de fondo es que actuar sobre una superficie no equivale necesariamente a haber recuperado su ecosistema. Para valorar los resultados hacen falta datos comparables sobre el terreno tratado, el tipo de actuación, su estado de ejecución y la evolución de la vegetación y del suelo a lo largo del tiempo.
Fuente: ADEGA, 26 de junio de 2026, sobre la restauración ambiental tras los incendios.
Viana do Bolo: más de 670.000 euros para recuperar zonas afectadas
Uno de los ejemplos recientes de las actuaciones sobre el terreno se encuentra en Viana do Bolo, en Ourense. En septiembre de 2026, la Consellería do Medio Rural informó de una inversión superior a 670.000 euros en trabajos vinculados a la recuperación de zonas afectadas por los incendios del año anterior.
Según la Xunta, las actuaciones incluyeron medidas de consolidación de suelos para reducir la erosión, instalación de albarradas y mejoras en pistas forestales. También se desarrollaron intervenciones en montes vecinales en mano común y se tramitaron ayudas destinadas a reparar daños en explotaciones e infraestructuras forestales.
La administración autonómica señaló asimismo que se habían realizado trabajos de acondicionamiento en más de 100 kilómetros de pistas forestales en el conjunto de las zonas afectadas, con una inversión cercana a 1,6 millones de euros para este concepto.
Este tipo de actuaciones es importante para recuperar el acceso a los montes y reducir los riesgos asociados al agua, pero la recuperación completa requiere seguimiento y puede prolongarse durante años.
Fuente: Consellería do Medio Rural: actuaciones de recuperación en Viana do Bolo, 16 de septiembre de 2026.
¿Cuánto tarda en recuperarse un monte después de un incendio?
No existe un plazo único. La recuperación depende de la intensidad del fuego, la profundidad a la que se haya alterado el suelo, la pendiente, las especies afectadas, la disponibilidad de semillas y las condiciones meteorológicas posteriores.
En algunos terrenos, la vegetación herbácea y los matorrales pueden empezar a rebrotar en los meses siguientes. En otros, la regeneración de árboles y la recuperación de una estructura forestal madura requieren muchos años.
Además, que un terreno vuelva a verse verde no significa que el suelo, la biodiversidad o la capacidad de retener agua se hayan recuperado por completo.
Cuando el incendio ha sido muy intenso, puede desaparecer parte de la materia orgánica y alterarse la actividad de los organismos del suelo. Si después se pierde la capa superficial por erosión, la recuperación puede ser mucho más lenta.
Por eso, las decisiones de restauración no deberían basarse únicamente en plantar árboles. También es necesario evaluar si el terreno puede regenerarse de forma natural, si necesita protección contra la erosión y qué especies y estructura forestal resultan adecuadas para ese lugar.
El reto pendiente: prevenir los próximos grandes incendios
La recuperación de los montes quemados está conectada con otro desafío: reducir la vulnerabilidad del territorio frente a futuros incendios.
La prevención no consiste solo en limpiar vegetación. También incluye gestionar el paisaje, mantener pistas y cortafuegos donde sean necesarios, proteger los núcleos habitados, recuperar actividad agraria y ganadera y favorecer una estructura forestal más diversa y adaptada a las condiciones de cada zona.
El abandono de determinadas actividades rurales y la continuidad de grandes superficies de vegetación sin una gestión adecuada pueden dificultar la prevención, aunque el riesgo de incendio depende de muchos factores, como la meteorología, la humedad del combustible y las causas de ignición.
En 2026, la Xunta anunció un refuerzo de la inversión en prevención de incendios, mientras continúan las actuaciones de recuperación tras la ola de 2025. La eficacia de estas medidas tendrá que evaluarse con resultados concretos sobre el terreno y con seguimiento a medio plazo.
La experiencia de las zonas afectadas muestra que apagar el fuego es solo la primera fase. Después hay que proteger los suelos, reparar las infraestructuras, recuperar las actividades rurales y reducir el riesgo de que el siguiente episodio de lluvias o incendios vuelva a agravar los daños.
Un monte quemado no se recupera solo con el paso del tiempo
Los montes de Galicia tienen capacidad de regeneración, pero esa recuperación no se produce de la misma forma en todos los lugares. Allí donde el suelo conserva sus propiedades y las condiciones son favorables, la vegetación puede volver de manera natural. En los terrenos más dañados, la erosión y los episodios de lluvias intensas pueden complicar el proceso.
Un año después de los grandes incendios de 2025, la situación de Galicia demuestra que las consecuencias del fuego pueden prolongarse mucho más allá del verano. Las actuaciones de restauración, la protección del suelo y la recuperación de las comunidades rurales son piezas fundamentales para reducir los daños y reconstruir el territorio.
El principal indicador no será únicamente cuántas hectáreas se han intervenido, sino si esas actuaciones consiguen estabilizar los terrenos, recuperar la vegetación y reducir los riesgos para las personas, los ríos y las infraestructuras.
Fuentes consultadas
- RTVE: un año después de la peor ola de incendios de Galicia, 16 de agosto de 2026
- La Voz de Galicia: actuaciones de la Xunta en más de 6.300 hectáreas quemadas, marzo de 2026
- Xunta de Galicia: recuperación de zonas afectadas en Viana do Bolo, septiembre de 2026
- Xunta de Galicia: técnicas de mulching para proteger el suelo tras los incendios
- ADEGA: valoración de la restauración ambiental tras los incendios de 2025, junio de 2026
- Ley 7/2012, de montes de Galicia, artículo 65: restauración hidrológico-forestal
Reportaje elaborado con información publicada hasta el 19 de octubre de 2026. Las cifras de superficie y actuaciones corresponden a fuentes y fechas concretas; los datos de restauración ambiental y de intervenciones forestales no son necesariamente equivalentes.